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URSS

La Industria Sovietica

De la historia de la URSS, quizas lo que mas nos han enseñado en Occidente son los errores, los crimenes, los atentados contra la humanidad, etc. No voy a negar aqui lo que, en principio, parece algo evidente. ya trataré mas adelante sobre los errores del comunismo histórico, desde la Comuna de Paris hasta la China actual. El socialismo cientifico nos obliga a mirar los datos y hechos con toda la objetividad posible para luego hacer el analisis correcto. pero eso sera mas adelante. En este primer post sobre la historia de la URSS traigo un articulo de un camarada donde nos muestra el potencial de la capacidad de los obreros, llevados por una guia correcta y con el fin de mejorar.

 

 Industrialización Socialista en la URSS

 

Por: Eliecer Martínez

 

Al final de la Guerra Civil, los bolcheviques heredaron un país completamente arruinado, con una industria destrozada por los ocho años de operaciones militares. Los bancos y las grandes empresas estaban nacionalizadas y con un esfuerzo extraordinario, la Unión Soviética puso en pie su aparato industrial.

 

En 1928 la producción de acero, carbón, cemento, materias para tejer y maquinaria pesada sobrepasaba el nivel de antes de la guerra. Fue entonces cuando la URSS se lanzó un reto que parecía imposible de alcanzar; impulsar, gracias a un Plan Quinquenal Nacional, las bases de una industria moderna, contando esencialmente con las fuerzas interiores del país. Para alcanzar el éxito, el país se puso en pie de guerra, emprendiendo a marcha forzada su industrialización socialista; era la pieza clave de la edificación socialista en la URSS. Todo dependía de su éxito. La industrialización debía sentar las bases materiales del socialismo, permitiendo transformar radicalmente la agricultura a través de su mecanización y tecnificación modernas. Abriendo un porvenir lleno de bienestar y prosperidad material y cultural, creando la infraestructura de un Estado moderno y eficaz.

 

Y fue capaz de abrir este porvenir de bienestar material y cultural para los trabajadores. Construyó la infraestructura de un Estado moderno y eficaz. Pudo dar al pueblo trabajador las armas más modernas para defender su independencia contra las potencias imperialistas.

 

El 4 de febrero de 1931, Stalin explicó por qué el país debía mantener estos ritmos extraordinariamente rápidos de industrialización: “Queréis que nuestra Patria Socialista sea derrotada y pierda su independencia?, estamos aun atrasados en unos cincuenta a cien años con respecto a los países más avanzados. Debemos recorrer esta distancia en diez años. O lo hacemos o seremos triturados” (Stalin, Las tareas de los dirigentes de la industria, en las cuestiones del leninismo, pág. 48).

 

En el curso de los años 30, los fascistas alemanes, así como los imperialistas franceses e ingleses pintaban en colores chillones la palabra “Terror” que acompañaba a la “Industrialización Forzosa” de la URSS. Rumiaban su revancha por la derrota de 1918-1921, cuando habían intervenido militarmente contra la Unión Soviética. Todos ellos querían conseguir una Unión Soviética fácil de triturar, pidiéndoles esfuerzos extraordinarios a los trabajadores, Stalin tenía constantemente ante sus ojos, la amenaza terrible de la guerra de agresión imperialista que planeaba sobre el primer país socialista de la Humanidad.

 

El esfuerzo gigantesco por la Industrialización del país en el curso de los años 1928-1932 fue llamada la “Revolución Industrial de Stalin”, título de un libro consagrado a este periodo por Horoaki Kuromija (Stalin y la Revolución Industrial, Cambridge University Press, G.B. 1988) Se habló también de la “Segunda Revolución” o de “La Revolución desde las alturas”.

 

En efecto, los revolucionarios mas conscientes y enérgicos se encontraban a la cabeza del Estado y desde esta posición despertaban, movilizaban a decenas de millones de trabajadores campesinos que habían quedado hasta entonces en las tinieblas del analfabetismo y el oscurantismo religioso.

 

Podemos resumir el libro de Kuromija de la forma siguiente: Stalin consiguió el éxito en la movilización de los obreros y de los trabajadores en la industrialización acelerada, presentándola como una guerra de clases de los oprimidos contra las viejas clases explotadoras y contra los saboteadores surgidos de sus propias filas.

 

Para estar a la altura  de dirigir el esfuerzo gigantesco de la industrialización, el Partido tuvo que ampliar sus filas. El número de afiliados pasó de 1.300.000 en 1928, a 1.670.000 en 1930. Durante el mismo periodo, el porcentaje de miembros de origen obrero pasó del 57% al 65%. El 80% de los nuevos reclutados eran trabajadores de choque, activistas del Konsomol: jóvenes reclutados que habían recibido una formación técnica. Se trataba en general de trabajadores que se habían distinguido como trabajadores modelo y que ayudaban a racionalizar la producción para obtener una alta productividad (Kuromija, pág., 319) esto refuta la fábula de la “burocratización” del Partido stanlinista; por el contrario, el Partido reforzó su carácter obrero y su capacidad de combate.

 

La industrialización produjo trastornos extraordinarios. Millones de campesinos analfabetas fueron arrancados de la Edad Media y propulsados al mundo de la maquinaria moderna. “A finales de 1932, la fuerza de trabajo industrial se había duplicado con relación a 1928 hasta llegar a 6 millones de personas” (Kuromija, pág. 290). En este mismo periodo de cuatro años y en el conjunto de sus sectores, 12,5 millones de personas habían encontrado una ocupación nueva en las ciudades; 8,5 millones de ellos eran campesinos (Kuromija, pág. 306).

 

En su odio por el socialismo, la burguesía se complacía en reseñar el carácter “forzado” de la industrialización. Los que vivían y observaban la industrialización socialista del lado de los trabajadores, subrayaron sus caracteres esenciales: el heroísmo en el trabajo, el entusiasmo y la combatitividad de las masas trabajadoras.

 

En el curso del Primer Plan Quinquenal Nacional, Luis Anna Strong, joven periodista norteamericano que trabajaba para el periódico soviético Novedades de Moscú, recorrió el país en todas direcciones. Cuando en 1956, Khruschov lanzó sus pérfidos ataques contra Stalin, Strong recordaba estos hechos esenciales y hablando del Plan emitió el siguiente juicio: “Jamás en el curso de la Historia un proyecto de esta envergadura, fue realizado tan rápidamente”. En 1929, año del lanzamiento del Plan, el entusiasmo de las masas trabajadoras fue tal, que hasta especialistas de la antigua Rusia, que habían escupido su odio contra los bolcheviques en 1918, reconocían que el país se había transformado positivamente. El Dr. Emile Joseph Dillon vivió en Rusia desde 1877 hasta 1914 y enseñó en diversas universidades rusas. Cuando en 1918 se marchó, escribió: “en el movimiento bolchevique no existe ni la más mínima sombra de una idea constructiva o social. El bolchevismo es el zarismo a la inversa. Impone a los capitalistas tratamientos tan malos, como los que se reserva el Zar a sus siervos” (Webb, pág. 810). Pero cuando Dillon retornó a Rusia diez años más tarde, no creía lo que veía: “en todas partes el pueblo piensa, se organiza, realiza descubrimientos científicos e industriales. Jamás se ha sido testigo de una cosa parecida, de una cosa que se aproxima a la verdad, a la intensidad, a la tenacidad en la consecución de sus ideales. El orden revolucionario funde hasta los obstáculos más colosales y hace funcionar elementos tan heterogéneos en un solo pueblo; en efecto, no es una nación en el seno del viejo mundo, sino un pueblo fuerte, cimentado por el espíritu casi religioso.

 

Los bolcheviques han realizado mucho de lo que proclamaron y más de lo que parecía realizable, nos preguntamos que organización humana en las dificultades y difíciles condiciones bajo las cuales han debido operar, han movilizado 150.000.000 de seres apáticos, muertos-vivientes y les han dado un espíritu? (Webb, pág. 811).

 

Luís Anna Strong recuerda como fueron realizados los “milagros” de la industrialización: “la fábrica de tractores de Jarkov, tenía un problema. Fue construida fuera del Plan. En 1929 los campesinos se comprometieron más rápidamente de lo previsto en sus granjas colectivas. No podían satisfacer sus pedidos de tractores. Jarkov, en Ucrania, construyó orgullosamente su fábrica fuera del Plan; todo el acero, los ladrillos, el cemento, la fuerza de trabajo estaba ya distribuida por 5 años. Jarkov solo podía conseguir su acero desarrollando ciertas empresas siderúrgicas, produciendo por debajo del Plan. Para paliar la falta de brazos decenas de miles de personas: empleados, estudiantes y profesores… hacían trabajo voluntario durante sus días libres. Cada mañana a las seis y media, decía M. Raskin, ingeniero norteamericano encargado de Jarkov, veíamos llegar el tren especial. Llegaban las banderas desplegadas y sus marchas militares, cada día un grupo diferente, pero siempre alegre. La mitad del trabajo no especializado fue efectuado por voluntarios” (Luís Anna Strong, La Era de Stalin, 1956, pág., 33).

 

En 1929 la colectivización había tomado una extensión imprevista, la fábrica de tractores de Jarkov no fue la única “corrección” del Plan. La Fábrica Pulitov de Leningrado había producido 1.115 tractores en 1927 y 3.050 en 1928; después de calurosas discusiones en la fábrica, se acordó un Plan de 10.000 tractores para 1930 entregándose 8.935 tractores.

La Siderúrgica de Magnitogork había sido concebida para una producción de 656.000 toneladas. En 1930 se concibió un Plan para producir 2.500.000 toneladas, pero enseguida los planes de producción de acero fueron de nuevo revisados. En 1931 el ejército japonés ocupaba de nuevo Manchurria y amenazaba las fronteras siberianas, al año siguiente los nazis subieron al poder en Alemania, fijando sus pretensiones sobre Ucrania. Walter Scott, ingeniero que trabajaba en Magnitigork, evoca los esfuerzos heroicos de los trabajadores y su importancia decisiva para la defensa de la URSS: “en 1942 la región industrial de los Urales llegó a ser el corazón de la resistencia soviética. Sus minas, sus fábricas, sus depósitos, sus campos y sus bosques abastecieron al Ejército Rojo de enormes cantidades de material militar y de todos los productos necesarios para el mantenimiento de las divisiones motorizadas de Stalin. En el centro de la inmensa Rusia, un cuadrado de 800 kilómetros contenía inmensas riquezas en hierro, carbón, cobre, aluminio, plomo, amianto, manganeso, oro, plata, platino, zinc y petróleo. Antes de 1930 apenas se habían explotado esos tesoros. En el curso de los 10 años siguiente, se habían construido fábricas que no habían tardado en entrar en actividad. Todo ello se debía a la sagacidad política de Stalin, a su perseverancia, a su tenacidad. Había roto toda resistencia para realizar su programa, a pesar de los gastos fantásticos y de las dificultades inauditas que ello había costado. Quiso crear ante todo, una potente industria pesada. Y la empleó en el Ural y Siberia, a miles de kilómetros de la frontera más próxima, fuera de los ataques de no importa qué enemigo. Por otra parte, Rusia no debía ser tributaria del extranjero para casi todo su aprovechamiento en caucho, productos químicos, herramientas, tractores, etc debía producir todo esto por sí misma, asegurando de esta forma su independencia económica, técnica y militar”. (Ludo Martens, Otra Mirada sobre Stalin, 1921-1953).

 

Es solo una perla que nos muestra dos cosas:

1º Que la capacidad de los trabajadores es muy superior en un sistema socialista que en el capitalismo, dado que mientras al capitalismo solo le interesa el desarrollo en la medida en que produce beneficios, el socialismo busca eldesarrollo para mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora.

2º Que desde occidente nunca nos diran toda la verdad sobre la URSSS, la lucha de clases, elmarxismo, elcapitalismo, sino solo lo que les interese decir para mantener sus privilegios.

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